Mitos e historia de la Matemática - 6ta Parte

in Cervantes2 months ago


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La portada es una imagen de libre uso de Pixabay editada por @abdulmath con GIMP, el emoji es creado con Bitmoji

La historia de la torre de marfil (Continuación)



Cuando hablar de Wiles se trata, es mucho más fácil ver las grietas en la historia del "genio solitario".


Wiles se formó en Oxford y Cambridge, y más tarde trabajó en Harvard, Bonn, Princeton y París, en todos los cuales formó parte de florecientes comunidades matemáticas.


La pista matemática que acabó por orientar su interés por el Último Teorema de Fermat la recogió de una conversación casual con un compañero matemático en Princeton. Luego de cinco años, necesitó un nuevo avance, asistió a una conferencia internacional para conocer las últimas ideas sobre el tema.



Sin embargo, cuando necesitó ayuda técnica para un aspecto importante de la prueba, rompió el secreto con un colega, Nick Katz, y presentó el material en cuestión en un curso de postgrado, aunque finalmente perdió a todos sus oyentes excepto a Katz.


Dos semanas antes de hacer pública toda la prueba en tres conferencias en Cambridge, Inglaterra, pidió a un colega, Barry Mazur, que la revisara.


La prueba final fue revisada por otras seis personas; y cuando se descubrió un fallo, Wiles invitó a uno de su antiguo estudiante, Richard Taylor, a ayudarle a solucionarlo.



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Imagen de Pixabay y editada por @abdulmath con GIMP.



Además, a lo largo de sus años de trabajo en la prueba, Wiles nunca dejó de enseñar a los estudiantes ni de asistir a los seminarios del departamento.


En resumen, aunque pasaba muchas horas solo, también estaba inmerso en una comunidad que le permitía hacerlo y que, cuando lo necesitaba, acudía en su ayuda.


Los años de aislamiento de Wiles capturan la imaginación no porque sean normales para un matemático en activo, sino porque fueron excepcionales.



Las matemáticas son fundamental y necesariamente una actividad social a todos los niveles.


Todos los departamentos de matemáticas del mundo cuentan con espacios comunes, ya sean seminarios, coloquios o salas comunes, siempre equipados con algún tipo de superficie para escribir, para que los matemáticos puedan poner sus cabezas en común con el té y el café que los alimentan.

Los estudiantes de lengua o historia rara vez escriben sus ensayos en colaboración, y no se les anima a hacerlo, pero los estudiantes de matemáticas trabajan juntos con frecuencia y de forma fructífera, enseñando y aprendiendo unos de otros.


Y a pesar de todos los avances de la tecnología moderna, las matemáticas se siguen aprendiendo principalmente no tanto de los libros como de otras personas, a través de conferencias, seminarios y clases.

. . . Continuará . . .



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Imagen de Pixabay y editada por @abdulmath con GIMP, e Inkscape.


Si te gusto este tema y quieres seguir profundizando acerca de la historia de la matemática, no te pierdas la próxima publicación, pero si aún así deseas conocer otra perspectiva del mismo, te invito a investigar en las siguientes referencias que acá te comparto:

  1. Robert Recorde, The Pathway to Knowledg (London, 1551); painstakingly reprinted by Gordon and Elizabeth Roberts (TGR Renascent Books, 2009).
  2. Markus Asper, The two cultures of mathematics in ancient Greece, in Eleanor Robson and Jacqueline Stedall (eds), The Oxford Handbook of the History of Mathematics (Oxford University Press, 2009), pp. 107–132.
  3. Simon Singh, Fermat’s Last Theorem (Fourth Estate, 1997; Harper Perennial, 2007).
  4. Benjamin Wardhaugh, Mathematics in English printed books, 1473-1800: a bibliometric analysis, Notes and Records of the Royal Society, 63(2009): 325-38.


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