[ESP/ENG] La trampa de la empatía artificial: ¿Estamos olvidando el calor de una mirada?
Estaba leyendo el interesante post de @emiliorios y después de hacerle un comentario en su publicación, muchos recuerdos y situaciones acudieron a mi mente, que me sacudieron un poco el piso, por lo que decidí compartir mi punto de vista, más allá de un comentario que resultaría muy largo.
Hace unos días estuve en una reunión de amigos que hacía mil años que no veía y que debía ser un reencuentro alegre, pero terminó siendo muy diferente. Estábamos allí, pero en menos de veinte minutos ocurrió lo de siempre: el "secuestro digital".
Como si se tratara de un ritual hipnótico, uno a uno sacaron sus teléfonos. De repente, el sonido de las risas fue sustituido por el sonido de las diferentes plataformas de RRSS, en las pantallas y el silencio de seis personas que, estando tan cerca, habían decidido viajar a kilómetros de allí a través de sus redes sociales. Una amiga y yo, éramos las únicas que no habíamos cogido el celular, pero estábamos en extremos opuestos de la mesa.
Me quedé observando la escena con una mezcla de tristeza e indignación. Me pregunté en qué momento permitimos que un aparato de estos fuera más interesante que la persona que tenemos enfrente. Este fenómeno no es nuevo, pero ha escalado a un nivel preocupante. Ya no solo ignoramos al otro para ver un video de gatitos en TikTok o revisar el WhatsApp; ahora estamos llegando al extremo de buscar "compañía" en inteligencias artificiales porque nos da flojera (¿o miedo?) lidiar con la complejidad de un ser humano real.
En un momento determinado, no aguanté. Me levanté de mi asiento y le pedí al esposo de mi amiga, que estaba absorto en su pantalla, si podíamos cambiar de lugar. Él accedió encogiéndose de hombros, sin siquiera despegar la vista del móvil para levantarse y por fin me senté junto a Claudia. Solo entonces pudimos instalarnos a conversar como seres humanos normales, mientras el resto de la mesa seguía en su trance digital.
Por otro lado, y lo más cumbre de todo, son esas fotos sociales que llenan cada feed en las Redes Sociales, de gente que parece estar muy feliz compartiendo, cuando en realidad solo se están tomando esa foto para subirla a sus historias, pero después del disparo de la cámara, cada uno vuelve a ensimismarse con el celular.
Lo que más me duele de esas reuniones donde todos terminan revisando sus redes es la pérdida de la espontaneidad. Las conversaciones suelen ser imperfectas, tienen baches, tienen discusiones, silencios y tienen risas que surgen de la nada. Cuando nos refugiamos en el teléfono en medio de una reunión, estamos diciendo: "Lo que tú me ofreces no es suficiente como para competir con mi pantalla".
Es una falta de respeto que hemos normalizado. Hemos aceptado que es "normal" estar a medias. Y ese "estar a medias" nos está dejando profundamente solos. No es una soledad por falta de gente, sino una soledad por falta de atención. Estamos rodeados de personas, pero nadie nos está mirando de verdad. Entonces, al sentirnos invisibles en una mesa llena de gente, corremos al teléfono a buscar un like o a chatear con una IA para sentir que alguien, aunque sea una línea de código, nos reconoce.
He observado con preocupación, cómo personas de mi entorno (jóvenes y adultos por igual) están empezando a tratar a los chats de inteligencia artificial como si fueran confesionarios o, peor aún, mejores amigos.
La trampa es seductora. La inteligencia artificial no se aburre de escucharte, no te mira con juicio si dices algo tonto y no bosteza mientras le cuentas tus penas. Es una relación sin el "riesgo" del rechazo. Pero, ¿qué clase de relación es esa donde el otro no existe?
La IA no te escucha; procesa datos.
La IA no te entiende; predice la siguiente palabra que te hará sentir satisfecho.
Al refugiarnos en estas conversaciones, estamos atrofiando nuestras habilidades sociales. Si no somos capaces de tolerar el aburrimiento o el desacuerdo en una mesa con amigos, y preferimos sacar el teléfono para chatear con una entidad virtual, estamos renunciando a relaciones reales.
Lo veo en mi propia familia, en chamos que se están desconectando de la realidad porque sienten que el mundo físico es "demasiado difícil" o "demasiado lento". Preferir chatear con un algoritmo antes que enfrentar la mirada de su papá, es renunciar a la esencia del alma. La empatía no es un dato que se procesa; es una vibración que se siente cuando el otro te toca el hombro, te abraza o cuando ves una lágrima correr por una mejilla real. Ningún software, por más avanzado que sea, podrá jamás replicar el calor de una presencia.
Mi mayor temor es que terminemos convirtiéndonos en lo que yo llamo "eunucos mentales". Personas con acceso a toda la información del mundo, capaces de debatir de lo que sea con una IA, pero incapaces de sostenerle la mirada a la persona que tienen enfrente o de gestionar la soledad sin el auxilio de una batería cargada.
En mi casa, con Gabo, trato de mantener una zona libre de estas interferencias. No quiero que el día de mañana él sienta que para ser escuchado necesita escribirle a una máquina. Quiero que sepa que la comunicación real duele, cansa, alegra y, sobre todo, transforma.
Prefiero mil veces el riesgo de una conversación incómoda cara a cara, que la seguridad estéril de un chat con una máquina. Porque al final del día, cuando las luces se apagan y la batería se agota, lo único que realmente nos sostiene es el recuerdo de haber sido vistos, escuchados y amados por otro ser de carne y hueso.
Para concluir, yo creo que se debe evaluar con urgencia cómo estamos usando estas herramientas. ¿Estamos conectándonos más o solo estamos evitando el esfuerzo que requiere amar y entender a otro ser humano? La tecnología debería ser el puente, no el destino.

English
I was reading the interesting post by @emiliorios, and after leaving a comment on his publication, many memories and situations rushed into my mind. It shook me up a bit, so I decided to share my point of view in a post of my own, as a simple comment would have been far too long.
A few days ago, I was at a reunion with friends I hadn’t seen in ages. It was supposed to be a joyful get-together, but it turned out to be something quite different. We were all there, but in less than twenty minutes, the usual happened: the "digital hijacking."
As if part of a hypnotic ritual, one by one, they pulled out their phones. Suddenly, the sound of laughter was replaced by the pings and scrolls of different social media platforms. There was a chilling silence among six people who, despite being so close physically, had decided to travel miles away through their screens. A friend and I were the only ones who hadn't picked up our phones, but we were sitting at opposite ends of the table.
I watched the scene with a mix of sadness and indignation. I wondered at what point we allowed these devices to become more interesting than the person sitting right in front of us. This phenomenon isn't new, but it has escalated to a worrying level. We no longer just ignore each other to watch cat videos on TikTok or check WhatsApp; now we are going to the extreme of seeking "companionship" in Artificial Intelligence because we are too lazy (or perhaps afraid?) to deal with the complexity of a real human being.
At one point, I couldn't take it anymore. I got up from my seat and asked my friend's husband, who was absorbed in his screen, if we could swap places. He agreed with a shrug, without even taking his eyes off his phone to stand up. Finally, I sat next to Claudia, and only then were we able to engage in a conversation like normal human beings, while the rest of the table remained in their digital trance.
Furthermore, the most striking part of it all are those social photos that fill every social media feed—people who seem to be very happy sharing a moment together when, in reality, they are only taking that photo to upload it to their stories. After the camera clicks, everyone immediately goes back to being engrossed in their mobile phones.
What hurts me most about these gatherings where everyone ends up checking their networks is the loss of spontaneity. Human conversations are usually imperfect; they have gaps, arguments, silences, and laughter that comes out of nowhere. When we retreat into our phones in the middle of a gathering, we are saying: "What you are offering me is not enough to compete with my screen."
It is a lack of respect that we have normalized. We have accepted that it is "normal" to be only half-present. And this "half-presence" is leaving us deeply lonely. It isn't a loneliness caused by a lack of people, but a loneliness caused by a lack of attention. We are surrounded by people, but no one is truly looking at us. So, feeling invisible at a table full of people, we run to our phones to seek a "like" or to chat with an AI to feel that someone, even if it’s just a line of code, recognizes us.
I have observed with concern how people in my circle (young and old alike) are starting to treat AI chatbots as if they were confessionals or, even worse, best friends.
The trap is seductive. AI doesn't get bored of listening to you, it doesn't judge you if you say something silly, and it doesn't yawn while you pour your heart out. It’s a relationship without the "risk" of rejection. But what kind of relationship is that where the "other" doesn't actually exist?
AI doesn't listen to you; it processes data.
AI doesn't understand you; it predicts the next word that will make you feel satisfied.
By taking refuge in these conversations, we are atrophying our social skills. If we are unable to tolerate boredom or disagreement at a table with friends and prefer to pull out a phone to chat with a virtual entity, we are giving up on real relationships.
I see it in my own family, in young kids who are disconnecting from reality because they feel the physical world is "too difficult" or "too slow." Preferring to chat with an algorithm rather than facing a father’s gaze is to renounce the essence of the soul. Empathy is not a data point to be processed; it is a vibration felt when someone touches your shoulder, hugs you, or when you see a tear rolling down a real cheek. No software, no matter how advanced, will ever be able to replicate the warmth of a presence.
My greatest fear is that we will end up becoming what I call "mental eunuchs." People with access to all the information in the world, capable of debating anything with an AI, but incapable of holding the gaze of the person in front of them or managing loneliness without the help of a charged battery.
At home, with Gabo, I try to maintain a zone free from these interferences. I don't want him to feel in the future that he needs to write to a machine to be heard. I want him to know that real communication hurts, tires, gladdens, and, above all, transforms.
I prefer a thousand times the risk of an uncomfortable face-to-face conversation over the sterile security of a chat with a machine. Because at the end of the day, when the lights go out and the battery runs out, the only thing that truly sustains us is the memory of having been seen, heard, and loved by another being of flesh and blood.
In conclusion, I believe we must urgently evaluate how we are using these tools. Are we connecting more, or are we just avoiding the effort required to love and understand another human being? Technology should be the bridge, not the destination

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Sí, las redes sociales están acabando con todos esos momentos especiales que sin duda eran mágico, una mirada, una conversación amena, etc.
Totalmente @marilui91, las personas parecen embobadas con los teléfonos. La novia de mi sobrino, por ejemplo, cuando nos reunimos a ver películas, ella no las ve, mientras todos estamos disfrutando mirando la pantalla del televisor, ella está mirando la pantalla de su celular. Es increíble. Y eso, para mí, es de muy mala educación.
Mil gracias por tu participación @purrix
Con la que estoy muy de acuerdo, de paso.
Un abrazo enorme.
Gracias @emiliorios. Ojalá esto no escale a mayores, pero honestamente, tengo mis dudas.
Yo también...
Hola, estimada, @purrix, es fundamental que el pensamiento humano prevalezca por sobre la excelencia de la IA. El espíritu humano es el creador de la apreciada tegnología.
Exactamente, @hiramdo. No debemos olvidar que somos nosotros los creadores y que la tecnología debería estar a nuestro servicio, no al revés. El riesgo surge cuando invertimos los papeles y permitimos que la "excelencia" técnica sustituya la calidez y el discernimiento humano. Gracias por pasar a leer y por el intercambio de ideas, es un gusto coincidir contigo
muy cierto no hay que dejarse perder en las redes, buen post
very true, you should not get lost in the networks, good post
Ojalá todo cambie 😶