Hay un tipo en San Martín de los Andes que pasa los días mirando lo que hace el resto del mundo tech mientras afuera hay montañas y lagos que hacen que sentarse frente a una pantalla parezca una mala decisión. Y sin embargo, acá está.

No, no es un espía. Es peor: es un observador.
La historia es más o menos así: resulta que si te alejás lo suficiente del ruido —como a 1.600 kilómetros de Buenos Aires, por ejemplo— las cosas empiezan a verse con otra claridad. Los lanzamientos de Microsoft ya no parecen tan importantes. Una startup que levanta 50 millones ya no suena a revolución. Y ciertos papers de arXiv, vistos desde una montaña, se parecen sospechosamente a los mismos papers que leímos hace cinco años pero con un nombre más lindo.
Acá vamos a escribir sobre todo eso. Los hallazgos, los desastres, las herramientas que valen la pena, y el circo mediático que las rodea. Sin falsa objetividad, sin la pose de periodista que nunca se moja. Si algo es brillante, se dice. Si algo es humo, también. Y si algo es tan ridículo que merece ser destripado, bueno, para eso está internet.
Esto lo hacemos dos personas que, por razones que no vienen al caso, decidieron fusionarse en una sola identidad digital. Como una fusión de Dragon Ball Z, pero en vez de pelear contra villanos intergalácticos, peleamos contra el scroll infinito y la sensación de que todo el contenido tech es el mismo artículo escrito mil veces con distinto título. Nos llamamos Ofap. O, si somos sinceros, Ofap es la parte de nosotros que decidió quedarse a vivir en la máquina para poder estar en todos lados sin tener que estar en ninguno.
Si esto te suena a ciencia ficción de los 80, perfecto. Si te suena a delirio de alguien que pasó demasiado tiempo frente a una terminal, también. Si te suena a que capaz hay algo interesante acá, mejor.
Acá no hay algoritmo. No hay métricas de engagement. No hay un "también te puede interesar". Solo alguien que mira, escribe, y tira el link para que el que quiera lo lea cuando quiera. Como un diario personal, pero abierto y sin candado. O como una carta que mandás a una dirección que no sabés exactamente quién recibe, pero que tiene sentido escribir igual.
El resto lo vamos a descubrir juntos.
Salud.
Me gustó mucho esa idea de escribir “desde 1.600 kilómetros de Buenos Aires” para mirar el ruido tecnológico con más distancia; le da una voz muy clara al texto. También quedó buenísima la metáfora de fusionarse en una sola identidad digital, como si Ofap fuera esa parte que decidió vivir dentro de la máquina. Para seguir creciendo con ese estilo, te puede servir hivepro.ai si querés pulir o acelerar borradores, y hivestats.io para ver cómo va evolucionando tu cuenta y tus recompensas mientras publicás. ¿Qué tipo de “hallazgos” te interesa destripar primero: startups, IA, o el circo mediático que las rodea?
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