El pensamiento Alicia: cambio climático / Alicia's Thoughts: Climate Change

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llevo unos meses estudiando y experimentando con las IA. El fin es comprenser su funcionamiento y sus sesgos. Son herramientas entrenadas y que pueden conducir fácilmente al error a quien las usa, si no es conocedor del tema sobre el que pregunta, si el que pregunta carece de pensamiento crítico, o simplemente cree que la ciencia es una actividad sin incertidumbre o no sabe formular las preguntas adecuadas.

Aqui dejo una conversación con la IA Deepseek. Te invito a buscar los sesgos de la IA, yo encontré dos, quizás haya más.


I've been studying and experimenting with AI for a few months now. The goal is to understand how it works and its biases. These are trained tools that can easily lead to errors for the user, especially if they lack knowledge of the subject matter, if they lack critical thinking skills, or if they simply believe that science is an activity without uncertainty or don't know how to formulate the right questions.

Here's a conversation with the Deepseek AI. I encourage you to look for AI biases; I found two, but there may be more.

(The chat with DeepSeek in English is located after the Spanish text.)


--La cuarta revolución industrial que estamos viviendo, sobre qué materias primas se desarrolla?

La cuarta revolución industrial se desarrolla sobre un grupo de minerales y metales conocidos como "materias primas críticas", que son los pilares físicos de las tecnologías digitales y de la energía limpia. Por su papel estratégico, a menudo se les compara con el "nuevo petróleo" .

Estos son los más destacados:

  • Cobre: Esencial para la electrificación (cables, motores, redes) y para energías renovables como la solar y eólica. No tiene sustituto conocido como conductor.

  • Litio, Níquel y Cobalto: Componentes clave de las baterías de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía renovable .

  • Tierras Raras y Otros Metales: Necesarios en dispositivos electrónicos, paneles solares y semiconductores. Incluyen elementos como tantalio, neodimio, indio y galio .

La demanda de estos materiales es tan alta que se prevé que se cuadruplique para 2050 , impulsando a su vez la adopción de tecnologías como IA y gemelos digitales en la minería ("Minería 4.0") para hacer su extracción más eficiente y sostenible .

Además de la minería tradicional, el reciclaje de estos metales a partir de residuos electrónicos (minería urbana) es una fuente secundaria cada vez más relevante .

¿Te gustaría que profundice en el impacto ambiental de la extracción de estos minerales?

-- ¿Es posible que la necesidad de esta materia genere conflictos entre países?

Sí, y de hecho ya está ocurriendo. La necesidad de estas materias primas está redefiniendo la geopolítica y generando tensiones que los expertos llaman la "guerra fría de los minerales".

Los principales focos de conflicto son tres:

  • Control de las rutas marítimas: El Estrecho de Taiwán y el Mar de China Meridional son vitales para el transporte de estos minerales. China controla el 70% del procesamiento mundial de tierras raras y el 60% del litio, lo que le da una enorme influencia sobre cadenas de suministro globales.

  • Zonas de extracción inestables: Países ricos en minerales como la RDC (cobalto y coltán), Chile o Bolivia (litio) viven presiones externas e internas. En África, los grupos armados financian sus operaciones a través de la minería ilegal, generando conflictos armados directos.

  • Carrera por nuevos territorios: En el Ártico (por el deshielo) y los fondos marinos (nódulos de manganeso y níquel), potencias como China, EE.UU. y Rusia compiten por reclamar zonas de explotación, a menudo sin marcos legales claros.

Para mitigar esto, Occidente ha creado bloques como el "Club de Minerales" (alianza entre EE.UU., Europa, Australia y Canadá) para asegurar suministros alternativos y reducir la dependencia de un solo país. Pero esta misma estrategia genera aranceles y bloqueos comerciales que intensifican la rivalidad.

En resumen, el acceso a estos materiales ya no es solo una cuestión económica, sino un asunto de seguridad nacional, equiparable a la dependencia del petróleo en el siglo XX.

Si te interesa, puedo explicarte con más detalle cómo funciona la minería en los fondos marinos o qué países lideran el reciclaje de estos metales.

--Si asegurar el suministro de estos minerales y tierras enfrenta naciones llegará a producir guerras, estás guerras no aumentaría el CO2 en la atmósfera?

Tiene toda la razón. Es la gran paradoja de la transición ecológica: la guerra por los recursos verdes puede generar un retroceso climático brutal.

Sí, un conflicto armado de ese tipo aumentaría drásticamente el CO₂, y no solo por los tanques o los bombardeos. El impacto vendría por tres vías principales:

  • El "efecto rebote" militar: Un ejército en guerra consume combustible fósil a un ritmo descomunal (barcos, aviones, vehículos). Pero el daño mayor son los incendios de infraestructuras: refinerías, plataformas petrolíferas o plantas químicas ardiendo liberan en días el CO₂ que una ciudad emite en años (como ocurrió en los pozos de Kuwait en 1991).

  • Destrucción de sumideros de carbono: Los combates suelen darse en zonas estratégicas, muchas veces boscosas o selváticas (como la Amazonía o el Congo). Los incendios provocados, los bombardeos y la tala masiva para abastecer a los ejércitos convierten estos pulmones en fuentes de emisiones.

  • Colapso de los acuerdos climáticos: En plena guerra, ningún país prioriza cumplir con el Acuerdo de París. Se relajan las normativas ambientales para reabrir minas y centrales de carbón, buscando autonomía energética urgente, disparando las emisiones globales.

El ejemplo más claro está ocurriendo ahora: la invasión de Ucrania ha provocado que Europa reactive centrales de carbón y que la reconstrucción del país (con hormigón y acero) genere más CO₂ que muchos países pequeños en un año.

En el peor escenario, los modelos climáticos advierten que una guerra por minerales en el Ártico o el Pacífico podría liberar tanto carbono que compensaría décadas de esfuerzos de descarbonización, empujándonos a superar el temido umbral de +1,5 ºC mucho antes de lo previsto.

En definitiva, luchar por los recursos para frenar el cambio climático puede acelerar exactamente lo que queremos evitar. Por eso, la comunidad internacional apuesta ahora por acuerdos de "paz verde", pero la tensión es máxima.

¿Quiere que profundice en cómo se negocian estos acuerdos o en el impacto concreto del conflicto de Ucrania en las emisiones?

--No, la paradoja es curiosa.

Me alegra que lo vea así. Esa paradoja es, efectivamente, fascinante y muy poco comentada en los discursos oficiales.

Resumiéndola en una frase: estamos destruyendo el clima actual para conseguir los materiales que supuestamente salvarán el clima futuro. Y lo más irónico es que, si estalla una guerra abierta por esos minerales, el humo de los tanques y las refinerías quemadas haría que todas las baterías eléctricas del mundo no pudieran compensar ni el 1% del daño.

Es el ejemplo perfecto de cómo la lógica geopolítica puede volverse en contra de la lógica medioambiental. Por eso, cada vez más economistas hablan de que la verdadera solución no es solo extraer más, sino consumir menos y reciclar mejor, rompiendo así ese bucle.

Si le gustan estas contradicciones, seguro que le resultaría interesante la paradoja de la "maldición de los recursos" (cuanto más rico es un país en minerales, más pobre y conflictivo tiende a ser). ¿Quiere que se la comente?


--The Fourth Industrial Revolution we are currently experiencing—what raw materials is it based on?

The Fourth Industrial Revolution is based on a group of minerals and metals known as “critical raw materials”, which are the physical pillars of digital technologies and clean energy. Because of their strategic role, they are often compared to “the new oil.”

Here are the most notable ones:

  • Copper: Essential for electrification (cables, motors, grids) and for renewable energy sources such as solar and wind. It has no known substitute as a conductor.

  • Lithium, Nickel, and Cobalt: Key components of electric vehicle batteries and renewable energy storage systems.

  • Rare Earth Elements and Other Metals: Necessary for electronic devices, solar panels, and semiconductors. They include elements such as tantalum, neodymium, indium, and gallium.

Demand for these materials is so high that it is projected to quadruple by 2050, which in turn is driving the adoption of technologies such as AI and digital twins in mining (“Mining 4.0”) to make their extraction more efficient and sustainable.

In addition to traditional mining, the recycling of these metals from electronic waste (urban mining) is an increasingly important secondary source.

Would you like me to go into more detail about the environmental impact of extracting these minerals?

-- Could the demand for these raw materials lead to conflicts between countries?

Yes, and in fact, it’s already happening. The demand for these raw materials is reshaping geopolitics and creating tensions that experts call the “mineral cold war”.

There are three main flashpoints of conflict:

  • Control of maritime routes: The Taiwan Strait and the South China Sea are vital for the transport of these minerals. China controls 70% of global rare earth processing and 60% of lithium, giving it enormous influence over global supply chains.

  • Unstable mining areas: Mineral-rich countries such as the DRC (cobalt and coltan), Chile, and Bolivia (lithium) face both external and internal pressures. In Africa, armed groups finance their operations through illegal mining, leading to direct armed conflicts.

  • Race for new territories: In the Arctic (due to melting ice) and on the seabed (manganese and nickel nodules), powers such as China, the U.S., and Russia are competing to claim mining areas, often without clear legal frameworks.

To mitigate this, the West has created blocs such as the “Minerals Club” (an alliance between the U.S., Europe, Australia, and Canada) to secure alternative supplies and reduce dependence on any single country. But this very strategy leads to tariffs and trade barriers that intensify the rivalry.

In short, access to these materials is no longer just an economic issue, but a matter of national security, comparable to dependence on oil in the 20th century.

If you're interested, I can explain in more detail how seabed mining works or which countries are leading the way in recycling these metals.

--If securing the supply of these minerals and lands leads to conflict between nations—and even wars—wouldn’t those wars increase CO₂ in the atmosphere?

You’re absolutely right. It’s the great paradox of the ecological transition: war over green resources could lead to a brutal climate setback.

Yes, an armed conflict of that kind would drastically increase CO₂, and not just because of tanks or bombings. The impact would come through three main channels:

  • The military “rebound effect”: An army at war consumes fossil fuels at an enormous rate (ships, planes, vehicles). But the greatest damage comes from infrastructure fires: burning refineries, oil rigs, or chemical plants release in a matter of days the amount of CO₂ that a city emits over years (as happened with the oil wells in Kuwait in 1991).

  • Destruction of carbon sinks: Fighting often takes place in strategic areas, which are frequently forested or jungle regions (such as the Amazon or the Congo). Arson, bombings, and massive deforestation to supply the armies turn these “lungs” of the Earth into sources of emissions.

  • Collapse of climate agreements: In the midst of war, no country prioritizes compliance with the Paris Agreement. Environmental regulations are relaxed to reopen mines and coal-fired power plants in pursuit of urgent energy independence, causing global emissions to skyrocket.

The clearest example is happening right now: the invasion of Ukraine has led Europe to restart coal-fired power plants, and the country’s reconstruction (using concrete and steel) is generating more CO₂ than many small countries do in a year.

In the worst-case scenario, climate models warn that a war over minerals in the Arctic or the Pacific could release so much carbon that it would undo decades of decarbonization efforts, pushing us past the dreaded +1.5°C threshold much sooner than expected.

In short, fighting over resources to curb climate change may accelerate exactly what we want to avoid. That is why the international community is now pushing for “green peace” agreements, but tensions are at a fever pitch.

Would you like me to go into more detail about how these agreements are negotiated or the specific impact of the conflict in Ukraine on emissions?

--No, the paradox is intriguing.

I’m glad you see it that way. That paradox is, indeed, fascinating and rarely discussed in official discourse.

To sum it up in one sentence: we’re destroying the current climate to obtain the materials that are supposed to save the future climate. And the most ironic thing is that, if an all-out war broke out over those minerals, the smoke from tanks and burning refineries would mean that all the electric batteries in the world couldn’t even offset 1% of the damage.

It’s the perfect example of how geopolitical logic can run counter to environmental logic. That’s why more and more economists are arguing that the real solution isn’t just to extract more, but to consume less and recycle better, thereby breaking that cycle.

If you like these contradictions, you’d surely find the “resource curse” paradox interesting (the richer a country is in minerals, the poorer and more conflict-ridden it tends to be). Would you like me to explain it to you?


Traducido de mi idioma nativo, el español, al inglés con DeepL versión gratuita.

La portada está creada con una captura de pantalla del Chat de DeepSeek.

Translated from my native language, Spanish, to English using the free version of DeepL.

The cover image is a screenshot from the DeepSeek chat.



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